Innovación, modelos disruptivos de negocio, colaboración y emprendimiento son conceptos que hoy forman parte fundamental de la discusión alrededor del desarrollo económico, porque hacen que la economía y sus sectores se reinventen, evolucionen y se hagan más eficientes mediante la puesta en marcha de nuevos paradigmas empresariales.

Más allá de una moda, estos temas -en particular el emprendimiento- deberían ser un foco estratégico de desarrollo para Bogotá y Colombia. Pero dado su alto nivel de incertidumbre y el riesgo que conlleva invertir en nuevas empresas(start-ups), en nuestro país hay poca financiación pública y privada para ello. El gobierno ha realizado esfuerzos a través de Innpulsa y el Fondo Emprender, mientras que algunos fondos de capital de riesgo privados han emergido recientemente, dinamizando el tema. Sin embargo, para dar un verdadero impulso al emprendimiento requiere mucho más. Así lo entendió el Reino Unido, que constituye un caso de éxito que vale la pena analizar.

Desde el gobierno de David Cameron, el Reino Unido tomó la decisión de apostar por los emprendimientos de base tecnológica y digital como motores de desarrollo. De acuerdo con Tech City UK, esta apuesta ha dado grandes resultados: entre los años 2012-2016, se invirtieron en ese país US37.8 billones en negocios de este tipo, de los cuales el 47% se situaron en Londres. En Francia, competidor más cercano, se invirtieron durante el mismo periodo US15.4 billones, es decir, 60% menos. Además se estima que en el 2016 este sector creció un 50% más rápido que el resto de la economía del Reino Unido, generando ventas por US$255 billones y 1.64 millones de empleos.

¿Cuáles fueron las decisiones estratégicas que impulsaron este crecimiento? El gobierno como abanderado de la estrategia tomó decisiones audaces mas allá de solamente promover el tema. En este caso, la creación de un esquema tributario para incentivar la inversión en emprendimientos de alto riesgo: el denominado Seed Enterprise Investment Scheme (SEIS por sus siglas en Inglés) fue la clave del éxito.

El esquema se diseñó para que el Estado “comparta” con los agentes privados del mercado, el riesgo de invertir en empresas nuevas. Tres mecanismos logran este efecto:

1. Por cada peso invertido en empresas nuevas de alto riesgo, el 50% retorna al inversionista vía un descuento tributario en la declaración de renta. Es decir, si en el primer año se adquiere una participación en una start-up por 20 millones de pesos, en la declaración de renta de ese año fiscal, vía un descuento tributario, le serán acreditados $10 millones. En el reino Unido, este incentivo tiene un tope por inversionista de 100 mil Libras Esterlinas , algo cercano a los 400 millones de pesos.
2. En caso de que el inversionista venda sus acciones en la nueva empresa generando utilidad, ésta estará exenta del impuesto a la ganancia ocasional. Así, si pasados 3 años desde la inversión inicial, se vende la participación del negocio en 50 millones de pesos, la utilidad, es decir $30 millones, no pagará ese impuesto.
3. Si la empresa receptora de la inversión no prospera y por lo tanto pierde todo su valor en el mercado, el Estado asume 45% del capital que está en riesgo. El capital en riesgo equivale al dinero inicialmente invertido, menos el descuento tributario realizado por el Estado en el punto 1. En este ejemplo, el capital el riesgo equivale a 10 millones de pesos ($20 millones – $10 millones) de los cuales 4,5 millones son abonados como descuento tributario a favor del inversionista en su declaración de renta. Esto implica que de los 20 millones inicialmente invertidos por el particular, si la empresa quiebra, su pérdida real sólo será de 5,5 millones de pesos.

Por supuesto estos son solo ejemplos. Cada uno de estos mecanismos deberá estar sujeto a condiciones específicas apropiadas para un país como Colombia. Lo que resulta claro que dado el riesgo inherente a las inversiones en emprendimientos, el Estado puede y debe jugar un rol activo para incentivarlas. Si bien hay un costo fiscal, estos esquemas tributarios son una opción efectiva, viable y comprobada que debe ser considerada por los candidatos a la Presidencia de la República en el 2018, ya que está en juego la capacidad misma de la economía de reinventarse y generar mayor desarrollo económico. Dejemos el miedo: es hora de impulsar decididamente el emprendimiento y por ende el futuro de nuestra economía.

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