Estamos a un debate en la Cámara de Representantes de la aprobación en el Congreso de la República de la “Ley Naranja”, que busca fomentar las industrias creativas y culturales. Esta ley será de gran relevancia para el país y de particular importancia para Bogotá. Pero ¿qué son? Existe una gran variedad de aproximaciones acerca de los sectores que las conforman, una manera práctica de entenderlas es referirse a ellas como “los bienes y servicios que se fundamentan en la propiedad intelectual y cuyos principales insumos son la creatividad y el capital intelectual”. Así las cosas, hacen parte de éstas sectores como el editorial, el audiovisual, el fonográfico, las artes escénicas, el diseño, la publicidad y el desarrollo de software y contenidos, entre otros.

Según el BID esta industria le aporta a la economía colombiana entre el 3,3 y 3,5% del PIB cada año y genera alrededor de 800 mil empleos directos e indirectos, en su mayoría para jóvenes, al tiempo que las exportaciones alcanzan alrededor de US$600 millones por año. Bogotá concentra gran parte de la economía naranja del país, siendo líder en la producción y comercialización de contenidos como audiovisuales, series web, diseños gráficos, etc. Según la Cámara de Comercio de Bogotá, la ciudad reúne cerca de 92% de los servicios creativos, 90% de las productoras audiovisuales, 73% de las empresas de contenidos digitales, 55% de los estudios de videojuegos, 65% de las empresas de comunicación gráfica, 40% de la industria de música en vivo y 38% del mercado de moda del país.

Durante 2015, en Bogotá se generaron 290.000 empleos formales solo por cuenta las industrias creativas, de comunicación gráfica, música y moda, casi 3% de los ocupados de la capital y según estimaciones de ProBogotá, en la ciudad se consumió alrededor de medio billón de pesos solo en los sectores de cine, teatro y música en vivo. Estas cifras evidencian que la aprobación de la “Ley Naranja” tendría sin duda un impacto muy positivo para Bogotá.

La iniciativa fue presentada por el Senador Iván Duque, una de las personas más estudiosas de esta materia en el país, y tiene como ponente para este último debate al Representante a la Cámara, David Bargüill, quien seguro sacará adelante la iniciativa. El articulado es fundamental para hacer de las industrias naranja un propósito de Estado que transcienda los gobiernos de turno, estableciendo de manera clara y concisa mecanismos para fomentar, incentivar y proteger estas industrias.

Algunos elementos del proyecto que se destacan: obliga al Gobierno Nacional a elaborar una política pública para la materia, que emerja de la estrecha coordinación entre entidades públicas y privadas interesadas en el tema. Establece la creación, por parte del DANE, de una Cuenta Satélite de Cultura y Economía Naranja que garantice una medición más precisa y continua que facilite la toma de decisiones en este tema. Crea el Consejo Nacional de Economía Naranja, órgano que le dará la relevancia necesaria a estas industrias además de avalar incentivos fiscales para las mismas.

Todas estas acciones le dan la relevancia que merecen estas industrias a nivel nacional y por otro lado y más importante aún, permitirá direccionar recursos para fomentar la oferta de bienes y servicios o el consumo y la exportación de los mismos. Finalmente, el proyecto de ley es explícito en el fomento de la infraestructura de consumo para el sector y designa a FINDETER y al Ministerio de Cultura para la creación de agendas de “ciudades creativas” a nivel local.

Ya el país ha dado pasos importantes, definiendo incentivos para desarrollar industrias culturales. Hace 16 años se aprobó la primera Ley del cine que creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, instrumento de financiación nutrido por una cuota pagada por las salas de cine, los Distribuidores y los Productores colombianos, al tiempo que estableció un beneficio tributario para aquellas empresas que financien la producción nacional. Con esto, pasamos de estrenar tres películas por año en el 2003, a 22 en el 2012.

En el 2012 se expidió la segunda Ley del Cine, que creó un nuevo fondo con recursos por 25 mil millones de pesos anuales para estímulos e incentivos para los rodajes nacionales y definió una serie de contraprestaciones económicas: un productor nacional o internacional que ruede en el país recibirá una contraprestación del 40% de los gastos realizados por concepto de servicios cinematográficos, y del 20% de los gastos por alojamiento, alimentación y transporte. Gracias a esta norma, se produjeron 136 filmes colombianos en el 2016, evidenciando que gracias a esta política, producir cine colombiano de calidad es posible y un motor de desarrollo.

Hoy la ley naranja es una nueva oportunidad para catapultar este sector de la economía. Celebramos que desde el Congreso de la República se esté impulsando el desarrollo de estas industrias y llamamos la atención de los legisladores, el Gobierno Nacional y los colombianos en general sobre su importancia. A nuestro juicio, estas industrias tienen el potencial de ser un gran motor de desarrollo para el país y el particular para Bogotá en los años por venir. ¡En buena hora está por aprobarse el proyecto!

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El espectador

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