Nunca los bogotanos habían coincidido tanto en su interés por los cerros orientales. El Gimnasio Femenino, la Alcaldía de Usaquén, el Instituto Humboldt, la Fundación Cerros de Bogotá, la Asociación de Amigos de la Montaña, la U. de los Andes, la Cámara de Comercio, la Curia de Monserrate, el EcoBarrio, el Agroparque Los Soches, el Parque Ecológico de los Andes, entre otros, están impulsando proyectos relacionados con los cerros.

La quebrada La Vieja y la quebrada Las Delicias, entre otros circuitos, son escenarios de caminatas diarias o de fin de semana, de sesiones de meditación, de observación de la naturaleza y de entrenamiento deportivo, muchas veces promovidos por asociaciones y colectivos de caminantes o de ambientalistas, o de ambos. (Lea: ¿Qué han hecho otras ciudades con sus cerros?)

El Estado, por fin, ha decidido defender la reserva ambiental. Y el Distrito tiene la difícil tarea de definir un plan de manejo de esas 973 hectáreas cuya ocupación es incierta, donde ha habido invasiones, y donde algunos constructores –también interesados en los cerros– reclaman derechos adquiridos de construcción.

Lo cierto es que dicha franja, que tanta polémica ha causado y que tiene enfrascados a todos los interesados en un diálogo de sordos es, por definición, la franja del compromiso. (Además: Urbanismo en los cerros/Editorial)

Sin compromisos de todos no llegaremos a definir, de una vez por todas, esa línea que delimitará el suelo urbano. Mucho menos lograremos, sin una voluntad real de acuerdo, ese ambicioso proyecto que llevamos una década esperando: el corredor ecológico de los cerros orientales, que marca el borde oriental de la ciudad y que involucra a todos los bogotanos en la construcción de un camino compartido por los habitantes de los cerros, de todos los estratos, caminantes de toda la ciudad, maratonistas, ecologistas, guías cívicos, además de policía, niños de colegios, universidades y muy seguramente los empresarios de Bogotá.

ProBogotá Región va por los cerros orientales: protegerlos es lograr rápidamente los acuerdos que se requieren para definir, de una vez por todas, hasta dónde llegará Bogotá y en qué condiciones. (Lea también: Talas en reserva de los cerros orientales continúan, denuncian vecinos)

Si no somos capaces de hacerlo por las buenas y con buen sentido de responsabilidad, algún día un par de jueces definirá la edificabilidad de este y este predio; entre tanto, Bogotá habrá perdido otros cuantos centenares de hectáreas de bosque y quizás la más bella oportunidad de conseguir 53 kilómetros de paseo ecológico y pedagógico, integrador del sur y el norte y en lo que constituye sin duda el más incontestable emblema de la ciudad capital.

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publicado en:
El Tiempo

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