Hoy es común escuchar sobre las llamadas ‘ciudades inteligentes’, que se definen como aquellas que usan las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) con el objetivo crear una infraestructura que garantice, por un lado desarrollo sostenible, y por otro el incremento de la calidad de vida de sus ciudadanos.

Según el Ranking “Cities in Motion 2017” de la Universidad de Navarra, Bogotá es la ciudad 111 en el mundo entre 181, y la séptima en la región, siendo superada por Santiago de Chile, Buenos Aires, Medellín, Ciudad de México, Monterrey (México), y Córdoba (Argentina). Este estudio evalúa 10 dimensiones: economía, capital humano, tecnología, medio ambiente, proyección internacional, cohesión social, movilidad y transporte, gobernanza, planificación urbana y gestión pública.

Ocupar el séptimo puesto en Latinoamérica, superando únicamente a Sao Paulo dentro del grupo de las grandes ciudades, no es ningún mérito, teniendo en cuenta que la medición incluye 29 ciudades de la Región. Entonces, ¿cómo debe Bogotá innovar para convertirse en una ciudad que avance rápida y decididamente hacia ser una ciudad inteligente? ¿Cómo utilizar la tecnología en beneficio de la sostenibilidad de nuestra ciudad?

Es clave que Bogotá aproveche las obras que se vienen planteando desde la administración apostándole a una mejor movilidad con infraestructura de gran calado que responden a una necesidad coyuntural de actualizarla, pero claramente se requiere también priorizar acciones en otros frentes para para ponerse a la cabeza de las ciudades inteligentes de la región.

Por ejemplo, el Metro debe servir para realizar una real renovación urbana de la ciudad; la nueva licitación de los buses de Transmilenio necesita incorporar tecnologías limpias, para contribuir a la mejora del aire que respiramos; la ampliación de la autopista norte debe ser ejemplo en preservación de humedales; el Regiotram podrá convertirse en eje de la movilidad la Región-Capital, como primera etapa de un sistema integral de transporte multimodal, o la descontaminación del Río Bogotá debe abrir un nuevo eje de desarrollo sostenible para el occidente de la ciudad. Además la nueva licitación de basuras debería introducir nuevos métodos para el aprovechamiento de los desechos, y es imperante contratar una red de semáforos inteligentes con tecnología de punta que nos permita regular más eficientemente el tráfico. Estas son oportunidades que no podemos desaprovechar.

Hablar de innovación, modelos disruptivos de desarrollo y negocios, colaboración y emprendimiento ya no resulta exótico sino, por el contrario, son conceptos que forman parte fundamental de la discusión alrededor del desarrollo económico. Y para Bogotá no se trata de un asunto menor. Al ser el motor económico y el mercado más grande de Colombia y aportar el 27% del PIB nacional, todo lo que suceda aquí tendrá un gran impacto en todo el país. Y por eso debemos ser ejemplo, al apostarle a una nueva economía de servicios, a impulsar las industrias creativas (economía naranja) y a implementar su estrategia de Especialización Inteligente.

Es indudable que son grandes los desafíos de Bogotá en el camino de ser una ciudad inteligente y de gran crecimiento económico, pero contamos con muchos y valiosos activos que debemos potencializar al máximo en un esfuerzo colectivo por superar las dificultades y construir una ciudad-región innovadora, robusta y sostenible, capaz de sobreponerse y más aún prepararse para los nuevos retos que el crecimiento poblacional, los avances tecnológicos y el desarrollo nos seguirán imponiendo en el futuro.

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